jueves, 21 de septiembre de 2017

Ya no hay nada

La lucha ha cesado
Ya no hay nada
Solo sombras y escombros
Hablo con mis recuerdos
Porque se escapan
Qué seré yo sin ellos
No volverán
Me quedaré esperando

Y aquí estoy
Contemplando
Abriendo paso
A los nuevos recuerdos
Nacerán y morirán
Y mientras tanto
Seguiré gritando
ya no hay nada...


martes, 24 de mayo de 2016

Ahora

Querido diario, ya sabes que suelo reclamarte con frecuencia. La constante búsqueda a la que me veo arrojado me hace venir a ti. Y no es algo de lo que no esté orgulloso, todo lo contrario. Me siento muy orgulloso de poder escribirte y contarte aquellas cosas que sólo a tí te puedo explicar porque sólo tú me puedes comprender. Te has convertido en mi aliado. Luchamos juntos en esta guerra de búsquedas, interrogantes, dudas y sentimientos. Nunca me he sentido decepcionado contigo, nunca he sentido que me has fallado, tampoco me has hecho sentir desatendido, despreocupado, desfragmentado, todo lo contrario, me has revitalizado y me has ofrecido la amplitud de visión que he decidido conservar. Es por eso por lo que te agradezco los escritos, mi vida tiene mucho más sentido si estás aquí. 

Hace unos años recuerdo que todo era diferente. Pensaba de una forma más rígida, actuaba más impulsivamente, era más extremista, me revelaba continuamente conmigo mismo, subía, bajaba. Hace años todo era radical para mí. Los cabreos, las alegrías, las decepciones, las promesas, todo era extremo, vivía entre polos infinitos, cambiando constantemente, superando y perdiendo. Hace años me sentía muchas veces sin vida. Pero muchas otras veces me sentía más vivo que nunca. 

Ahora siento que todo es distinto. Me encuentro aquí, delante de mí mismo, volviendo a exponer lo que siento pero esta vez con más recursos que hace años. Ahora no es que todo se haya vuelto gris, ni que se haya todo vuelto más tranquilo, la guerra sigue estando y la lucha por una vida llena de visión sigue, lo único que ha cambiado es la forma en la que me enfrento a las batallas que continuamente me acechan. No puedo cambiar muchas cosas de la vida. Lo tengo más que aceptado. La realidad constantemente me pone a prueba, me golpea fuertemente en los puntos más débiles para ver si soy lo suficientemente resistente como para superarla. Ahora ya no vivo en la constante lucha conmigo mismo porque me concilio con mi parte más íntima. Quiero mi intimidad, la busco y la conservo, forma parte de lo más profundo de mí. Pero no tengo tampoco la necesidad de ocultarme tras una máscara cuando me expreso. Vivo en ese punto intermedio entre el guardarme las cosas y el completo desnudo. 

Ahora me siento delante del mar a observar las olas y ya no veo la violencia de la marea. Ahora sólo veo el fluir de la calma retorciéndose sobre sí para simplemente ser. Las rocas no ejercen ningún límite a la marea, todo lo contrario, veo que sin rocas no habría marea posible. Es un símil, una metáfora, pero refleja muy bien la vida que estoy viviendo ahora mismo porque sigo el mismo camino que hace muchos años decidí seguir, sigo con el mismo deseo profundo de visión y plenitud, transformado en formas de superación y culminación. He aprendido que todo lo que ha nacido una vez puede volver a nacer. Pero nunca de la misma manera. Y esa es la gran riqueza de la vida, que nunca se vuelve exactamente al mismo sitio como dijo Heráclito –no se pasa nunca dos veces por el mismo río–, lo que me hace darme cuenta de la enorme variedad y riqueza de la misma vida en todos los sentidos. 

Ahora soy capaz de contemplar el misterio de la misma vida y disfrutarlo. En la contemplación de lo incierto se me revela constantemente que no hay otra cosa que voluntad y superación. Largos procesos voluntarios de superación son los que en el fondo nos definen cómo somos. Tú serás de una manera, yo seré de otra, y cada cual tiene sus caminos, pero tú y yo seremos algo juntos si los dos compartimos un mismo afán de vida y superación. Siempre me ha sido difícil encontrar a este tipo de personas, como yo, digamos. A lo largo de mi vida me he encontrado con muchas personas diferentes a mí y sé que no soy igual a nadie. El compromiso con uno mismo es lo que define el grado de expansión de la propia voluntad de uno. Y mi compromiso conmigo mismo es total, férreo, de hierro, tan duro como el asfalto. Es por eso por lo que constantemente siento la llamada a pelear, a la guerra, y cuando digo guerra me estoy refiriendo a la constante lucha, no es una metáfora. Ahora me toca defender lo mío, a mi gente, mis sueños, mis ilusiones, mis necesidades, mi supervivencia, y mi gran camino. Ahora es el momento de fortalecer fijaciones, cimientos, y erigir el edificio más grande que pueda existir. 

Ahora es el momento de construir. Es el momento de defender mi hogar. Es el momento de aceptar el constante viraje hacia el pasado que configura mi naturaleza, mi propia nostalgia, y disfrutar de ella. Es el momento de enfrentarme a mi propia superación, sin caer en la locura más profunda, y saber distinguir entre lo que se ve, lo que puede verse y no se ve, y lo que nunca parece mostrarse. Ahora es el momento de tomar distancia y verlo todo desde arriba, pues aquí estoy, y mis ojos no me engañan, he subido aquí con el esfuerzo de toda una vida y no bajaré abajo para volver a subir. Sólo mi cadáver podría rodar y caer hasta el final del precipicio donde nace el suelo. 

Ahora es mi momento. Y perdona, querido diario, si ya no te soy tan fiel como te era antes y me muestro en este blog, pero ya no tengo por qué esconder nuestra intimidad. Estoy siendo cien por cien yo mismo escribiendo este pequeño texto en internet. Me estoy mostrando al mundo a partir de una pequeña ventana, unas gafas que cubren mis ojos y unas manos golpeando un teclado inmóvil. Los tiempos han cambiado. Ya no me refugio en el ardor del miedo ni me hiela su neblina oscura. Ahora todo es mucho más claro, más luminoso, ahora estoy preparado para ser, si es que realmente puedo ser algo más allá de lo que escribo...

lunes, 9 de mayo de 2016

La caída

Mirando lo que tengo alrededor me doy cuenta que sólo soy un simple observador. En el fondo es lo único que soy. Siento emociones, vivo, tengo necesidades, pienso, está claro. Pero en el fondo siempre estoy observando. 

Nos pasamos la vida entera buscando cosas que en el fondo no necesitamos. Muchas veces tener presente lo que creemos que necesitamos significa desatender lo que en realidad estamos buscando. Hablamos demasiado. Observar desde el silencio también tiene misterio. ¿Somos dueños de lo que sentimos? 

Yo sí que soy dueño de lo que siento porque interfiero en lo que siento y en lo que tengo alrededor, me cause o no me cause algo. Interferir en los sentimientos no significa únicamente saber controlarlos, más bien me refiero a otra cosa. Yo soy el dueño de todo lo que me ocurre, de lo que vivo, de lo que siento, de lo que escribo y de lo que creo creer. También de lo que creo. Y de lo que puedo crear. Tú, también, ¿lo sabes? Lánzate al vacío. Siente y observa.

Muchas veces veo personas que se dedican a vivir la vida leyendo su manual de instrucciones. Yo no sé nada de la vida salvo que vivo y conozco, no tengo manual de instrucciones. Si tuviera alguno sería un cuaderno lleno de hojas en blanco con algunos tachones y algunas rimas. De esto que te digo estoy totalmente seguro. Mi único interés aquí y donde sea es vivir. Con todo lo que ello conlleva. 

Nos preocupamos demasiado por lo que nos ocurre y lo que nos deja de ocurrir. Vivimos protegiendo lo que pensamos que es nuestro hogar hasta que nos damos cuenta que en el fondo vivimos en la constante búsqueda de nuestro hogar. Podemos alquilar un piso, condenarnos con una hipoteca, y pensar que somos más o menos libres porque tenemos nuestro espacio. Pero no es lo mismo tener un espacio propio que tener hogar. Y aquí Heidegger tenía razón. No es lo mismo residir en un habitáculo, o en una mansión, que habitar en un lugar y hacerlo tuyo. No tiene nada que ver. El ser humano se define por intentar habitar y nunca conseguirlo.

Ahora bien, la pregunta por el cómo habitar es una pregunta tremendamente compleja. Habitar no significa solamente intentar hacer mío un lugar, eso sería algo así como apropiarme de él. No estoy hablando en términos de propietarios. El habitar no tiene nada que ver con la relación de obligatoriedad ni con ningún tipo de relación legal, aunque sea cierto que todo habitar implica un posicionamiento con respecto a algo y por tanto el ejercicio de un poder. Pero eso es más un aspecto complementario al mismo hecho de habitar que una necesidad del habitar mismo. 

Vivimos en una sociedad que no hace posible habitares nuevos. Vivimos en la completa lejanía, en la distancia insalvable de las redes infinitas. La falsa sensación de refugio conlleva un desarraigo y una constante sensación de pérdida. Perdemos constantemente porque nunca llegamos a tener algo. Y es realmente ese movimiento constante en el que estamos sumergidos el que determina toda posibilidad de cambio. Y volvemos a caer, pero nunca hasta el fondo porque al final siempre nos quedamos en el aire. Y en ese aire vivimos. No sabemos construir nuestra propia casa porque ni nuestros propios pies están en el suelo. Pero claro, para pisar el suelo hace falta dejarse caer, y el problema viene cuando nos preguntamos si podremos o no soportar la caída.

miércoles, 27 de abril de 2016

Escritos espontáneos

Enfrentarse a un papel en blanco siempre implica un dejar ir. Vienes aquí a escribir algo, lo tienes en mente, pero cuando empiezas a escribir te das cuenta que lo que realmente te mueve es otra cosa. Crees que no te volverá a pasar, pero siempre vuelve a pasar. 

Tenía la idea de escribir sobre muchas cosas, nada en concreto. Por un segundo me vinieron las ganas de hablar sobre el amor. Pero luego vinieron las ganas de hablar sobre escribir. Y luego sobre el tiempo, el presente, el pasado... Hay tantísimas cosas de las que hablar y tantas cosas que me llaman la atención que a veces me resulta incluso agobiante enfrentarme a ese cúmulo infinito de sensaciones. Es una sensación milimétrica de agobio, pero ahí está.

Últimamente estoy viviendo experiencias muy enriquecedoras en todos los sentidos. Me doy cuenta por cómo reacciono. Me siento feliz, sonrío, y hago reír. Intento que esa sensación prevalezca siempre, que siempre predomine por encima de todo. Y lo consigo. Aunque a veces hayan emociones que surjan y miles de pensamientos por ahí rondando, consigo disfrutar de las cosas que vivo y me entrego al cien por cien enfrentando la realidad para superarla. Lucha, entrega, satisfacción, ilusión, reposo. Así es como definiría mi vida a día de hoy. Un constante ir y venir. Un viaje. Pero no uno cualquiera, un viaje de esos que te cambian la vida. 

Simplemente escribo estas cosas que me vienen porque me apetece escribirlas. No hay ninguna intención más ni ningún trasfondo oculto. No hay ningún motor invisible ni nada que no se pueda ver. Es simplemente escritura espontánea. Lo que viene, lo escribo. Así es como le doy forma a lo que vivo y termino siendo quien soy. Escritura...


martes, 19 de enero de 2016

Bendecido

Hoy es uno de esos días necesarios. De los que inevitablemente te encuentras a tí mismo. Hoy es uno de esos días de autoconocimiento, autoexploración, encuentro, y sobretodo, de hacer caminos. Me paso la vida entera haciendo caminos que sé que nunca transitaré, forma parte de mí el dejarme ir tal y como soy. 

Nos define el coraje de enfrentar situaciones. Da igual si tienes ideas, eso no importa mucho. A la hora de la verdad, lo que realmente nos define es el camino que tomamos, la naturaleza de nuestra propia voluntad. Y eso, en el fondo, todos lo sabemos, así que preocúpate por tomar las mejores decisiones posibles que tengas a tu alcance, porque aunque suene típico, lo demás, en realidad, viene solo. No podemos forzar el curso de las cosas si queremos vivir en armonía. 

Todo va cambiando. La forma en la que te enfrentas a tí mismo determina cuántas posibilidades abres y cuántas cierras. Abre todas las que puedas y cierra sólo las que sean necesarias. Escúchate y date el tiempo necesario para comprenderte, la autocomprensión revela nuevos horizontes y hace posible todo lo demás. Todo lo de fuera, por mucho que no queramos verlo y que nos resistamos a aceptarlo, no está en nuestras manos, lo que está en nuestras manos es todo lo que tenemos a nuestro alcance, es decir, todo, menos lo que no forma parte de nosotros. Es inútil controlar la lluvia, ¿para qué? No tiene sentido. Pero no me malinterpretes. No estoy diciendo que no se puedan cambiar lo de fuera, diciendo que 'no está en nuestras manos' me refiero a que no forma parte de nuestra voluntad, no podemos mover un brazo ajeno, no podemos pensar desde una mente ajena, y así, miles de ejemplos más.

¿Cuál es el punto medio entre el hacer y el no hacer? El estar. Es el modo en el que estás el que determina tus posibilidades de acción. Ese estar lo creas tú, lo creo yo, se crea contínuamente. ¿Cuánto tiempo más vas a estar sin estar? Esa es la pregunta que me golpeó fuertemente hace años y dejó en mí una huella tan profunda que ni a día de hoy puedo escapar de ella; dejó en mí la fragancia de la pregunta, la guía del misterio, algo intransferible a lo que sólo yo, cuando escribo, puedo acceder. 

Gracias doy por preguntar, por saber y no saber, por sentirme golpeado y por golpear. Cada día es un eterno combate, y, si me lo permites, te diré que me siento bendecido, protegido, fortalecido, ahogado en un sinfín de vacíos pero respirando, perdido y encontrado. 

Así soy, como Nietzsche, escribiendo para todos y para nadie, haciendo arte y haciendo vida, estando más alerta que nunca, más fuerte que nunca, más preparado que nunca para lo que tenga que venir. Será esta sensación que siento a día de hoy a la que llaman Dios, pues no puede haber nada más gratificante que sentirse bendecido sin haber sido bendecido por nadie, salvo por mi mismo.


martes, 17 de noviembre de 2015

Escucho

I

Oye, ¿me conoces? ¿Sabes algo de mí? Seguro que te han hablado de eso que hablan todos, de... ya sabes, la sensación esa de... bueno, algo te habrán dicho, ¿no? Sé que sí. No lo ocultes. Algo te han dicho, pero tranquilo, ¿qué hay de malo en eso? ¿Acaso lo has elegido? Son cosas que pasan, ¿no?

No me gusta hablar de la gente, pero qué le voy a hacer. Estáis todos perdidos. No sabéis lo que queréis, andáis por andar y vivís por vivir. Muchas de vuestras vidas no tienen sentido alguno, odiáis por odiar, porque se odia y punto, queréis pidiendo algo a cambio, respetáis sólo si el respeto entra dentro de vuestros límites, amáis sólo en parte, no os entregáis totalmente, vivís disimulando. 

Os pasáis la vida entera queriendo ser diferentes y ese es vuestro gran error. ¡El gran error de querer algo que no quieres! Qué pérdida de tiempo y qué absurdo... qué absurdo tiene que ser vivir pensando en lo que quieres ser sin prestar atención a lo que de verdad te cautiva, a lo que de verdad sientes en lo más profundo de ti. Me alejo de todos vosotros, no os necesito en mi vida. Suena cruel, pero es así. Os refugiáis en vuestro dolor y cuando vais a saltar al vacío para sentiros vivos os cortáis las alas para sentiros seguros de que sabéis algo. ¡Sabéis que acabaréis muertos y aún así desperdiciáis la vida! Lo único que vosotros y yo tenemos en común es que ambos sabemos que la muerte llegará. Más allá de eso, nada. No, lo siento. No hay nada. 

Para no acabar como vosotros, elegí crear un sendero propio, en soledad, desde donde poder observar el mundo y amarle en la distancia, sabiendo que sólo yo soy el dueño de mi propio camino observando lo que tengo a mi alrededor. Sigo en el camino y seguiré siempre. Y seguiré cometiendo fallos. Y seguiré buscando lo que me hace feliz. Y seguiré, y seguiré... Para siempre. No hay muerte que pueda parar mi fuerza. Soy el amo y el esclavo. Hago de mi vida una obra de arte pero sé que la vida está por encima de mí. Vivo en ese punto medio de saber que soy y a la vez dejo de ser. Respeto mi amor por la vida por encima de cualquier cosa para estar en conexión con el mundo, la naturaleza y los seres.

Y ahora todos decís estar aquí. ¡Callaos! Dejar de mentir, aquí no hay nadie, no estáis. ¡Yo sí que estoy, mirarme! Sigo luchando por querer a las personas sin exigirles nada a cambio, sigo en el sendero que yo mismo elegí, respetando los grandes consejos y las grandes enseñanzas de mi maestro, adquiriendo nuevas herramientas con el paso de los años y enorgulleciendo mi espíritu cada vez que saboreo el gusto de lo que significa de verdad vivir. ¡Vivo por mí, por lo que siento! Y por ello brindo. Porque estoy vivo y preparado para morir. Me regocijo en la vida y escucho. Tan sólo escucho. Y a veces escribo.


sábado, 27 de septiembre de 2014

Algo

Es por un sueño que tuve hace mucho tiempo y que aún perdura. Es por mí, por lo que creo que soy y por el camino que debo recorrer. Es por nosotros como grupo, o mejor dicho, por nosotros como familia. Es por aquellas cosas que, estando donde están y del modo en que se hacen visibles, me hacen feliz. En general, digamos que es por la vida y sus versiones; no estará mal dicho, en absoluto, pero producirá dudas. Y náuseas. 

Es por nuestra condición, quizás. Es por nuestra naturaleza, tal vez. Puede que incluso sea por lo que parece que es, por qué no. Digamos que es por algo, real o irreal, verdadero o falso, mas no deja de ser algo. Algo diferente, impropio y desconocido. Algo que está ahí pero no puede verse tan fácilmente. Algo que se muestra pero no es mostrado por nadie, y, si por alguien fuese mostrado, sería tan invisible y astuto como el frío. Es algo que es o más bien parece ser algo. Algo que alguna vez fue visto pero no pudo ser nombrado. Algo libre y rompedor como un silencio apalabrado.